La creatividad como bienestar laboral
Hay un tipo de cansancio muy específico que aparece después de pasar horas frente a la computadora. No necesariamente hiciste trabajo físico. Tal vez ni siquiera te levantaste mucho de la silla. Pero entre correos, documentos, juntas, mensajes, pestañas abiertas y pequeñas decisiones que parecen no acabarse nunca, llega un momento en que la cabeza simplemente ya no quiere otra pantalla.
Y entonces hacemos algo bastante curioso: para descansar de la pantalla… miramos otra pantalla. No es crítica. Yo también lo hago.
Pero últimamente he pensado mucho en lo diferente que se siente descansar cuando las manos tienen algo que hacer.
Cortar papel. Elegir entre dos stickers. Escribir una frase a mano. Probar un plumón. Son actividades pequeñas, pero cambian por completo el ritmo.
Cuando convivimos desde la creatividad la conversación cambia
Hay algo que sucede muy naturalmente alrededor de una mesa llena de materiales. Al principio cada quien está bastante concentrado en lo suyo. Alguien pregunta cómo funciona un sello. Otra persona descubre un washi que quiere usar. Alguien tiene unas tijeras que otra persona necesita.
Y poco a poco empiezan las conversaciones. No necesariamente conversaciones profundas. A veces son simplemente:
“¿Dónde encontraste ese papel?”
“Te quedó increíble esa combinación.”
“Yo hacía esto cuando era niña.”
Y justamente ahí está parte de la gracia. En el trabajo convivimos muchísimo con otras personas, pero casi siempre alrededor de una tarea. Sabemos quién lleva determinado proyecto, quién tiene la información que necesitamos o quién tiene que aprobar algo. Eso no significa necesariamente que tengamos muchas oportunidades de conocernos fuera de esas funciones.
Por eso algunas actividades creativas para equipos de trabajo pueden generar algo que cuesta bastante fabricar de manera deliberada: conversación espontánea que nos hacen conocernos como personas.
Está bien hacer algo que no sea productivo
Esta parte me parece especialmente importante.
En muchos espacios el bienestar termina convertido en un pendiente más. Hay que meditar para concentrarnos mejor. Hacer ejercicio para tener más energía. Dormir bien para rendir. Tomar una pausa para regresar más productivas.
Y todas esas cosas pueden ser ciertas, pero qué cansado que incluso descansar tenga que justificar su existencia con productividad.
Una actividad creativa puede servir para desarrollar ideas, mejorar la colaboración o estimular la creatividad en el trabajo, claro. Pero también puede ser simplemente agradable.
Hacer algo sin que tenga que terminar en un entregable es bastante raro en la vida adulta. Mucho más dentro de una oficina.
Tal vez por eso una hoja en blanco, un montón de recortes y una hora para jugar con ellos se sienten como un respiro.
El bienestar laboral también vive en nuestra dimensión personal
A veces hablamos de bienestar laboral y la conversación se centra en solo en políticas organizacionales. Y sí, todo eso importa muchísimo. Un taller creativo no va a arreglar una cultura de trabajo tóxica y un montón de stickers no compensa cargas de trabajo excedidas.
Pero también hay una parte del trabajo que sucede en nuestra dimensión de personas (no solo empleadas) y eso también necesita cuidados.
A veces estos cuidados pueden ser tomar café con alguien o tomar una clase de meditación. Y a veces puede ser sentarte frente a un montón de papelitos y pasar demasiado tiempo decidiendo cuál sticker quieres usar.
Personalmente, esa última opción es de mis favoritas.